LA IGLESIA Y EL DESAFÍO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE COMUNICACIÓN

Febrero 7, 2010 por oscarsarlinga

"San Gabriel Arcángel" patrono de las comunicaciones

Por monseñor Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales
PORTO ALEGRE, sábado, 6 de febrero de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, al inaugurar el Primer “Mutirão” Latinoamericano y Caribeño de Comunicación, MUTICOM, que se lleva a cabo del 3 al 7 de febrero de 2010 en la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, en Porto Alegre, Brasil.

fuente: http://www.zenit.org/article-34198?l=spanish

Parte I – Contexto

Estoy muy contento de estar con ustedes aquí en Porto Alegre, en este Mutirão para la Comunicación en América Latina y el Caribe, que ha requerido tanto esfuerzo y mucha dedicación por parte de los organizadores, más aún con el cambio de fechas que debieron afrontar y que significó una sobrecarga de trabajo. Gracias de corazón por hacerlo, además, con amor y eficacia.

El objetivo del Congreso es muy importante y delicado: impulsar una comunicación más justa, solidaria, pacífica. Una comunicación acorde, en síntesis, con el Plan de Dios en el mundo, que hemos de implementar siguiendo las líneas maestras de la misión continental trazadas por el magisterio de los Obispos en la Conferencia de Aparecida.

Al contemplar nuestras sociedades desde un punto de vista socio-económico, detectamos grandes y complejos contrastes. Hay muchas potencialidades, avances tecnológicos y organizativos. Pero ¿cómo ignorar la enorme distancia entre ricos y pobres, incluso en nuestros países llamados cristianos? “En las zonas más pobres, algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Se sigue produciendo el escándalo de las disparidades hirientes.” La comunicación es un factor importante que puede contribuir a una mayor equidad o, por el contrario, perpetuar estructuras de injusticia y violencia, producto de ideologías y prejuicios que esclavizan al ser humano. La sociedad espera de los medios, grandes y pequeños, una actitud y un compromiso responsables y debe ser exigente en este sentido.

Preguntaba el Papa Benedicto XVI en Aparecida: “¿Cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y la miseria?” Señalaba, a este propósito, que tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas y afirmaron que funcionarían por sí mismas. Sus promesas han demostrado ser falsas. Donde Dios está ausente -el Dios del rostro humano de Jesucristo- esos valores no se muestran con toda su fuerza.

Por eso este encuentro puede ser ocasión también de realizar una autoevaluación sobre nuestro servicio y testimonio como comunicadores católicos hacia dentro y hacia fuera de la Iglesia, despojándonos de posibles preconceptos que sólo nos limitarían. Profundicemos en el hecho mismo de la comunicación, y no solamente a lo referido a los medios.

Hoy asistimos a un sistema comunicativo fluido, complejo y poliédrico. Los blogs y las redes sociales son espacios de encuentro y difusión muy importantes. Son cada vez más los usuarios/productores de información, lo cual ha hecho crecer la participación popular en la dinámica comunicativa, pues incluso los medios de masas se hacen eco de los pequeños medios personales, como sucedió recientemente en Haití. Por eso urge la inclusión de los que han quedado fuera en este diálogo social, para que puedan expresarse libremente y también con responsabilidad como corresponde a todo usuario/productor.

El mundo informativo de hoy es transversal, multimediático, inmediato, prácticamente incontrolable, en cierto modo efímero, y crea una nueva cultura que incide en la mentalidad contemporánea. Los nuevos medios también se están asumiendo en los contextos de la comunicación para el desarrollo, que integra la comunicación estratégica y organizativa como factor real que contribuye al progreso de las comunidades, pues ellas mismas se vuelven protagonistas de su propia transformación. Hay que impulsar estos procesos, en los que se inscriben también muchas radios comunitarias y locales, “para fortalecer las nuevas formas de participación en la política nacional e internacional que tienen lugar a través de las organizaciones de la sociedad civil”. Obviamente, “no basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico. El desarrollo necesita ser auténtico e integral”, y “Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre,” , como nos recuerda el Papa en su última encíclica Caritas in veritate.

El Documento de Aparecida describe la situación de manera muy aguda: “la eficacia de los procedimientos alcanzada mediante la información, no logra satisfacer el anhelo de dignidad inscrito en lo más profundo de la vocación humana. (…) La persona humana es, en su misma esencia, aquel lugar de la naturaleza donde converge la variedad de los significados en una única vocación de sentido” (n. 42). El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas no garantiza la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. “Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural.” Los comunicadores hemos de orientarnos al desarrollo integral de la persona y de la comunidad. ¡No perdamos de vista este objetivo!

Parte II – La Iglesia como cuerpo vivo en la sociedad-red

El esfuerzo para crear vínculos de comunicación y fraternidad no puede dirigirse sólo hacia fuera de la Iglesia. Hemos de hacer examen de conciencia y ver si en nuestras comunidades vivimos los valores comunicativos que deseamos impulsar en el mundo. Estamos llamados a ser sal y luz, a promover una cultura de “respeto, de diálogo, de amistad”, que impulse mayor justicia, paz y solidaridad con la comunicación digital -como lo pidió el Papa en su 43ª mensaje para Jornada Mundial de las Comunicaciones-. La comunidad cristiana misma como Pueblo de Dios, en su integridad, tiene que ser ese espacio donde los valores del Reino se vivan con coherencia, de manera efectiva. Al menos hemos de mantener una constante tensión hacia esa coherencia vital.

Nos hallamos en la llamada “sociedad-red”, ya que la tecnología digital de comunicación se estructura en forma de redes. Ello ha lanzado con mayor fuerza el concepto de “redes sociales” y la consideración de los grupos humanos como redes de nodos interconectados que se comunican entre sí. Pero a nosotros esta imagen de la red nos evoca otra mucho más profunda y vital: la Iglesia como cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo. San Pablo en su segunda carta a los Corintios, recuerda: “Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. (2Cor 12, 4-21). Somos, pues, mucho más que una red. Somos un cuerpo vivo, animado por el Espíritu Santo, y ninguno de los miembros de la Iglesia debe estar excluido y olvidado. La comunicación es para la promoción de la comunión. Y hemos de expresarla y promoverla desde dentro de las comunidades mismas. La comunicación interna de nuestras comunidades es un aspecto que no podemos descuidar. Por eso el Santo Padre anima a los sacerdotes, en su Mensaje para la Jornada de las Comunicaciones de este año, a ser eficaces comunicadores y portadores de Cristo en la cultura digital.

La primera tarea que tenemos como discípulos del Señor, es lograr que el cuerpo esté bien comunicado; que no haya nodos sin conexión, pues cada uno tiene mucho que aportar y que recibir. Por eso es para nosotros una prioridad la de reducir la brecha digital incluso dentro mismo de la Iglesia, para poder hacerlo también fuera. Son innumerables las buenas prácticas que han abierto camino. Este Mutirão reúne a muchas instituciones que favorecen la inclusión digital y el trabajo en red, por las cuales damos gracias a Dios y tratamos de apoyarlas. El CELAM y nosotros hemos impulsado la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y sus instituciones de servicios continentales. La RIIAL tiene como prioridad “llegar hasta los últimos”, allá donde haya comunidades aisladas y empobrecidas. Y no sólo dotar de tecnología, sino generar una auténtica cultura digital solidaria, orientada a la comunión. Otro proyecto creado por nuestro Pontificio Consejo con el CELAM, Signis, CAMECO y otras instituciones, y que deseo presentar en púbico por primera vez, es el portal Intermirifica.net, destinado a favorecer los vínculos de conocimiento mutuo entre las iniciativas católicas de comunicación. Es el primer directorio eclesial global on-line de iniciativas católicas de radio, televisión y producción audiovisual (www.intermirifa.net). En síntesis, vemos con especial interés los proyectos que expresan e impulsan la comunión en el interior de la Iglesia.

La comunicación en América Latina cuenta con una potencialidad enorme que otros continentes no tienen. Pensemos por ejemplo en unos datos ilustrativos que emergen del directorio Intermirifica.net: sólo en Brasil hay más de 180 radios católicas; mientras que en todo el continente africano existen algo menos de 200. ¿Verdad que nos interpelan estos datos?

Al mismo tiempo, no estamos destinados a agotar nuestra acción en la comunión interna. Como decía al principio, la Iglesia nace para comunicar a Jesucristo a toda criatura. Y a esa misión es a la que los Obispos en Aparecida han convocado al pueblo de Dios.

Parte III- La diaconía de la cultura y el “patio de los gentiles”

Para ser misioneros hemos de ser discípulos. Por eso, paradójicamente en la cultura de la comunicación, nuestra primera tarea es callar y escuchar. Contemplar en profundidad, primero que nada el Misterio divino, dedicando tiempo y espacio a estar con el Señor que es la Palabra de vida, a solas y en comunidad, para llenarnos de su amor y de su misericordia. La oración no es una huída del mundo. Muy por el contrario, el amor de Cristo es puro dinamismo, una fuerza que busca incansablemente al ser humano para que sea libre, y en el amor encuentre su plenitud y felicidad. Por eso la oración auténtica desemboca siempre en el servicio diligente. Sólo desde el silencio podemos sentir hondamente el palpitar del mundo, escuchar los gozos y las esperanzas, las fatigas y dolores de nuestros hermanos para comprenderlos y servirlos.

Los primeros cristianos, en una sociedad con algunas similitudes con la nuestra, no consideraron su anuncio misionero como una propaganda que debía servir para aumentar el propio grupo, sino como una necesidad intrínseca que derivaba de la naturaleza de su fe. El Dios en el que creían era el Dios de todos, el Dios uno y verdadero que se había mostrado en la historia de Israel y finalmente en su Hijo, dando así la respuesta que tenía en cuenta a todos y que, en su intimidad, todos los hombres esperan, era lo que todos buscaban. “Anunciaban a Aquél que las personas ignoran y sin embargo, conocen: el Ignoto-Conocido; Aquel que buscan, al que, en lo profundo, conocen y que, sin embargo, es el Ignoto y el Incognoscible.”.

Y hemos de escuchar también a nuestros contemporáneos. La mayoría de las personas buscan puntos de apoyo en medio de lo fugaz, anhelan verdades perennes, no pocas veces aplicando sólo las fuerzas de su razón. Este camino no es equivocado si se recorre con sinceridad y humildad, pues conduce hasta la frontera del Misterio. Encontrar a Dios y dejarse encontrar por Él, es la vocación de toda persona; la Iglesia existe para facilitar ese encuentro. “También en el mundo digital se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. La pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una “diaconía de la cultura” en el “continente digital”.”

Nuestra misión de comunicadores, “para que nuestros pueblos en Él tengan vida, es manifestar que en Jesús se encuentra el sentido, la fecundidad y la dignidad de la vida humana”. Claro que los medios eclesiales de comunicación en el contexto latinoamericano deben promover la justicia social y la solidaridad, pero ello no es en sí mismo suficiente. Con el Evangelio en las manos y en el corazón, hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. ¡Qué desafío… pero qué gran valor y dignidad se confiere al ser humano en su lucha por un mundo mejor y más justo!

Así, hemos de que crear nuevos espacios de encuentro y de diálogo. El Santo Padre ha usado una expresión muy bella que nos ilustra la evangelización a las personas que están alejadas de la comunidad. “Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos, quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio – como el “patio de los gentiles” del Templo de Jerusalén – también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.”.

Este “patio de los gentiles” es un lugar acogedor donde escuchar y expresarse. La comunicación es ante todo un acto de amor, y un acto de servicio. Nuestra escucha debe desembocar en servicio a las personas según su propia cultura, a través de la comunicación. Si somos discípulos y misioneros, hemos de realizar esa diakonía de la cultura, por amor a nuestros contemporáneos. Cristo, que lava los pies a sus discípulos, es el icono de una comunicación que sirve.

¿Cómo? No sólo efectuando proyectos, sino con un estilo de realizarlos: con respeto, abiertos al diálogo y a la amistad. Un estilo que es en sí mismo ya anuncio y mensaje por su finura, su atención a los débiles, su capacidad de atravesar las barreras ideológicas y los prejuicios de cualquier signo y servir a la persona concreta. El icono de este estilo es el Diácono Felipe, que se acerca al carro del eunuco de la Reina Candace, camina con él, escuchando y compartiendo su búsqueda, y sube a su carro para comunicarle la Buena Nueva de manera personalizada, según su comprender y su cultura (Hch 8, 26-39).

Realicemos nuestra comunicación con amor, con respeto, con apasionada esperanza en la acción del Espíritu Santo que toca los corazones. Respondiendo a la misión convocada por los Obispos de América Latina desde Aparecida, los comunicadores, ellos y ellas, han de ser activos operadores de paz y tejedores de redes a través de los medios, sean éstos pequeños, personales o de masas. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” (Mt 5, 6-7).

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma del 2010

Febrero 6, 2010 por oscarsarlinga

El Papa denuncia la connivencia entre el mal y el corazón humano, cuya indiferencia “provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos”

Jueves, 4 feb (RV).- Esta mañana fue presentado en Conferencia de Prensa el Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma del 2010 que, recordamos, dará inicio con la celebración del Miércoles de Cenizas, el próximo 16 de febrero. La presentación estuvo a cargo del Cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, y participaron en la conferencia de prensa el Dr. Hans-Gert Pöttering, presidente de la Fundación Konrad Adenauer y presidente emérito del Parlamento Europeo, y Mons. Giampiero dal Toso, secretario del Consejo Pontificio Cor unum.

El mensaje del Papa para la Cuaresma de este año tiene como tema “La Justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo”, texto tomado del capítulo tercero de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos. El mensaje, fechado el 30 de octubre del 2009, y hecho público hoy, está articulado en cuatro apartados en donde Benedicto XVI, con su pedagogía magistral y como Pastor de la Iglesia Universal, busca que todos los creyentes interioricen el sentido profundo del tiempo penitencial que es la Cuaresma, y entiendan de manera clara el significado de la justicia de Dios, que es modelo para la justicia de los hombres.

Y precisamente el primer argumento del Papa es el explicar el término “justicia” que desde la antigüedad se ha definido como “dar a cada uno lo suyo”. Sólo que esa definición no explicita lo que significa eso “suyo” que corresponde a cada quien, y que visto desde la perspectiva humana se puede quedar en los anhelos de bienes materiales, que ciertamente son útiles y necesarios – el anhelo de la justicia distributiva dice el Pontífice -, pero que a fin de cuentas no ofrece al ser humano todo los “suyo”. Por eso, en este primer apartado Benedicto XVI dice que además del pan y lo material, el ser humano “necesita a Dios, que es quien concede y comunica gratuitamente su amor a los hijos creados a su imagen y semejanza”.

En el segundo apartado del mensaje para la Cuaresma del 2010, Benedicto XVI se pregunta sobre el origen de la injusticia, que en nuestros días puede ser asociada a las carencias, especialmente de alimentos, que sufre gran parte de la humanidad. Y la respuesta la ofrece tomando como referencia el texto del capítulo 7 del evangelio según san Marcos, en donde Jesús hablando a la gente, dice que no es lo de fuera lo que contamina al hombre, lo que come, sino que es lo que sale de él, lo que se fragua en el corazón del ser humano lo que hace mal.

Y llama la atención el Papa sobre ciertas tendencias de pensamiento e ideologías actuales que tratan de justificar en “causas exteriores” los males e injusticias de las sociedades, dando como solución la “eliminación” de esas causas exteriores para que entonces reine la justicia. Benedicto XVI dice que “esta visión es ingenua y miope, porque la injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas, sino también tiene origen en el corazón humano, que es el que alberga al egoísmo, el verdadero mal de nuestra caída humanidad”.

Por eso el Papa, en la continuación de su mensaje para la cuaresma, plantea como tercer punto de reflexión el retomar la sabiduría del pueblo de Israel que hace una relación entre la bondad de Dios al “levantar al desvalido” y la justicia para con el prójimo. Benedicto XVI dice que en hebreo se usa la palabra “sedaqad” para significar esa virtud de la justicia en donde por un lado, el creyente acepta plenamente la voluntad de Dios, y por el otro, es movido a actuar con equidad ante su prójimo, especialmente con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda.

Estas ideas están representadas, continúa diciendo en su mensaje el Papa, en el episodio de la entrega de la Ley de Dios a Moisés, hecho que ocurrió después que Dios escuchó el clamor de su pueblo, y lo liberó de la opresión. De allí que para el creyente de hoy, y para entrar en la justicia, es necesario salir de la ilusión de la autosuficiencia, del estado de cerrazón, y realizar un “éxodo” más profundo que el que obró Dios con Moisés, porque lo que se debe buscar es la liberación del corazón.

La palabra final del mensaje para la cuaresma de este 2010, que fue presentado hoy, Benedicto XVI la centra en Cristo, la verdadera justicia de Dios. Si bien se puede preguntar qué justicia es esa donde el justo muere en lugar del culpable, y donde el culpable recibe bendiciones, donde pareciera que cada quien recibe lo contrario, Benedicto XVI responde que esa es precisamente la justicia de Dios, que es distinta a la humana porque con la entrega de su Hijo ha pagado un “precio exorbitante” para rescatarnos del pecado, que es el verdadero origen del mal.

Y esa justicia de cruz pone de manifiesto que el hombre, explica Benedicto XVI, no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro, de ese otro que es Cristo. Convertirse a Cristo, llamado principal del tiempo de la cuaresma, es “salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad”. Benedicto XVI augura que este tiempo de cuaresma, “tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia”.

MENSAJE DE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA

La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22)

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22).

Justicia: “dare cuique suum”

Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra “justicia”, que en el lenguaje común implica “dar a cada uno lo suyo” – “dare cuique suum”, según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste “lo suyo” que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia “distributiva” no proporciona al ser humano todo “lo suyo” que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si “la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo… no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios” (De Civitate Dei, XIX, 21).

¿De dónde viene la injusticia?

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre… Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7,15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ―advierte Jesús― es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: “Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre” (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?

Justicia y Sedaqad

En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que “levanta del polvo al desvalido” (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad,. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe. No es casualidad que el don de las tablas de la Ley a Moisés, en el monte Sinaí, suceda después del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en “escuchar el clamor” de su pueblo y “ha bajado para librarle de la mano de los egipcios” (cf. Ex 3,8). Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un “éxodo” más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?

Cristo, justicia de Dios

El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: “Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado… por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).

¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la “propiciación” tenga lugar en la “sangre” de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la “maldición” que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la “bendición” que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14). Pero esto suscita en seguida una objeción: ¿qué justicia existe dónde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendición que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de “lo suyo”? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.

Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica.

Vaticano, 30 de octubre de 2009

FUENTE: http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=354738

FIESTA DE LA CANDELARIA Y FESTIVIDAD DE LOS OBISPOS SAN BLAS Y SAN OSCAR

Febrero 4, 2010 por oscarsarlinga

El día 2 de febrero, en la Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, o «la Candelaria» nuestro Obispo Oscar Sarlinga ha celebrado la eucaristía, con bendición de las candelas, en la iglesia catedral de Santa Florentina, a las 19.
Hoy, día 3, en la festividad de los Obispos San Blas y San Oscar, son impuestas las candelas sobre las gargantas, según la tradición piadosa, en la misa de 19, en la misma iglesia catedral.

En la diócesis de Zárate-Campana, el día 3, celebramos el 4to. aniversario de la elección de Mons. Oscar Sarlinga como Obispo diocesano por parte de S.S. Benedicto XVI (el 3 de febrero de 2006, habiendo tomado posesión de la diócesis el 18 de febrero). Rogamos a los fieles católicos una recordación en la oración por nuestro Pastor.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL AÑO JUBILAR VISITANDINO: DECRETO DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA DE LA SANTA SEDE

Febrero 4, 2010 por oscarsarlinga

Leído por Mons. Santiago Herrera al inicio de la celebración presidida por Mons. Oscar Sarlinga el 24 de enero del corriente, en la apertura del Año Jubilar Visitandino, en el Monasterio de la Visitación, del partido de Pilar (diócesis de Zárate-Campana)

INDULGENCIAS CONCEDIDAS POR LA SEDE APOSTÓLICA EN EL AÑO JUBILAR VISITANDINO

P E N I T E N C I A R I A   A P O S T Ó L I C A
Prot. N. 55/08/I
D E C R E T O

El Sumo Pontífice, Benedicto XVI, felizmente reinante, fue informado por el Padre Valentín Viguera, S.D.B., Asistente General de la Orden de Religiosas de la Visitación de la Santísima Virgen María, de las celebraciones jubilares con que el año 2010, cuarto centenario del día en que este Instituto religioso fue fundado por Santa Juana Francisca Frémiot de Chantal y San Francisco de Sales.  Con el deseo de premiar a los piadosos fieles su peculiar solicitud por la amadísima Iglesia y su afecto peculiar a la Orden de la Visitación de Santa María, concede benignamente indulgencia plenaria, con las condiciones de costumbre (Confesión Sacramental, Comunión Eucarística y una oración por las intenciones del Sumo Pontífice).  Cumplidos estos ritos, los cristianos verdaderamente arrepentidos que visiten un Monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María y en una Iglesia Conventual tomen parte en alguna ceremonia por un espacio de tiempo y terminen recitando la Oración Dominical, el Símbolo de la Fe y algunas oraciones a la Santísima Virgen María, San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca de Chantal.

a.- El día en que se abra solemnemente el Año Jubilar, el día de la fiesta de San Francisco de Sales (24 de enero), el día aniversario de la fundación (6 de junio), en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (19 de junio), el día de la fiesta de Santa Juana Francisca de Chantal (12 de agosto), el día en que se clausure solemnemente el Año Jubilar.

b.- Por una vez, el día que elija cada uno de los fieles

c.- Cuantas veces se tome parte en una peregrinación a uno de los Monasterios.

Las religiosas de la Visitación que por motivo de enfermedad u otras causas graves no puedan participar en las celebraciones jubilares, pueden ganar la indulgencia plenaria en el lugar en que se encuentren, detestando todo pecado y con la intención de cumplir cuando puedan las tres condiciones ya sabidas y se unan espiritualmente, ofreciendo las oraciones y dolores o incomodidades propias de la vida, ofrecidas a Dios por medio de María.

Lo anterior vale por el espacio del jubileo de la Orden de la Visitación de Santa María.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaria Apostólica, el día 17 de septiembre del año de la Encarnación 2008.

JUAN FRANCISCO S.R.E. CARD. STAFFORD
Penitenciario Mayor

Juan Francisco Girotti, O.F.M. Conv.
Ep. Tit. Metensis, Secretario

FUE INAUGURADO SOLEMNEMENTE EL JUBILEO VISITANDINO EN EL MONASTERIO DE LA VISITACIÓN DE PILAR

Enero 31, 2010 por oscarsarlinga
El domingo 24 de enero fue solemnemente abierto el Año Jubilar Visitandino en el Monasterio de la Visitación de María, en Pilar (diócesis de Zárate-Campana), con la presencia de la Rvda. Madre Priora Silvia Cincotta, las monjas de clausura, y la concelebración de Mons. Herrera, pro-vicario general, el Pbro. Jorge Ritacco, de Ntra. Sra. del Pilar, el P. Iván Pertiné, de la Sociedad de San Juan, y los sacerdotes pertenecientes a esta sociedad de vida apostólica, seminaristas, hermanos religiosos, religiosas de distintas congregaciones, y numerosos laicos, en la eucaristía presidida por el Obispo Mons. Oscar Sarlinga.

En efecto, el Monasterio de la Visitación de Santa María, más conocido como ” de las Monjas Salesas” se convirtió ese día en un punto de encuentro de fieles de diversos lugares de la diócesis y de ciudades vecinas, también de Buenos Aires, para inaugurar el mencionado Año Jubilar Visitandino (1610-2010) en conmemoración de los 400 años de la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María por parte del Obispo San Francisco de Sales.

Durante la homilía destacó Mons. Sarlinga la figura de San Francisco de Sales, nombrado “Obispo de Ginebra” (en la actual Suiza, pese a que la ciudad entró oficialmente en la Confederación helvética recién en 1801), en cuya diócesis nunca pudo tomar posesión, en razón de haberse convertido en sede del calvinismo, y habiendo debido residir, por esa razón, siempre siempre en Annecy (Francia), desde donde irradió su apostolado, visitando a las familias, también clandestinamente, en Ginebra, y vestido de paisano, para no ser reconocido y apresado, y habiendo distribuido numerosas cartas de carácter pastoral entre las familias que permanecieron católicas en la zona, en razón de cuya “actividad gráfica” fue declarado patrono de los periodistas. Dijo Mons. Sarlinga que “toda la región Centro-Oriental de la Francia, notablemente el Chablais, se benefició de la reevangelización por parte de San Francisco de Sales, en una oración y actividad incansables, como verdadero Pastor que dio la vida por el Rebaño que le había sido encomendado”, y que la fundación de la Visitación correspondió a una gran intuición sobre constituir “un faro para la humanidad”, por la iluminación de tantas conciencias por la Gracia divina, en razón de la oración de las monjas, que se ofrecen como almas víctimas por quienes sufren, por quienes más lo necesitan, por los pecadores, por los que no creen, por los que ya no tienen esperanza”.
El Obispo llamó a las religiosas a seguir siendo, en el mundo de hoy, también ese “faro para la humanidad” que quiso San Francisco de Sales, quien las fundó en 1610 junto con Santa Juana Francisca de Chantal. Con el trabajo de ambos dieron a resurgir una congregación dedicada a la vida contemplativa y marcada por la ayuda a los pobres como modo de vida regida por los votos simples que se convertirán en solemnes y de clausura con la regla de San Agustín, años más tarde, que guiaron la forma de vida de las religiosas que viven en clausura en el Monasterio de Pilar. Con una eucaristía donde tanto ofrendas como lecturas se centraron en torno a la conmemoración de los 400 años del nacimiento de la fundación, se iniciaron los diversos actos del Jubileo Visitandino que se celebrarán a lo largo de todo el año. El decreto con las indulgencias concedidas por la Penitenciaría Apostólica fue leído por Mons. Santiago Herrera al inicio de la misa, luego del saludo inicial. Durante este Año Jubilar podrán lucrarse visitando la iglesia del Monasterio, y la indulgencia plenaria con las debidas condiciones (recibimiento digno de los Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, y oración por las intenciones del Papa) el 24 de enero (Solemnidad de San Francisco de Sales y comienzo del Año Jubilar), el 6 de junio (400.º Aniversario de la Fundación de la Orden), el 11 de junio (Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús), el 12 de agosto (Solemnidad de santa Juana Francisca Fremiot de Chantal), y el 13 de diciembre (Tránsito de santa Juana Francisca Fremiot de Chantal y clausura del Año Jubilar); o bien, una sola vez, en un día elegido por cada fiel, o en visita de peregrinación en grupo.
Mons. Sarlinga relacionó también en su homilía la providencialidad de la Fundación, con la vocación de Santa María Margarita Alacoque, y sus visiones del Sagrado Corazón, y los mensajes que han hecho tanto bien en la Iglesia a los largo de los siglos, así como la visita de las reliquias de la Santa a la diócesis de Zárate-Campana (a Pilar, Presidente Derqui, Campana y Belén de Escobar) y a otras diócesis de la República, así como la consagración de la diócesis de Zárate-Campana al Sagrado Corazón de Jesús, el 9 de mayo de 2009.
Luego de la celebración de la Misa, el Obispo y los sacerdotes saludaron a la Priora y a las religiosas desde la clausura, y a continuación lo hicieron los fieles presentes en gran número.

Sacerdocio y mundo digital

Enero 29, 2010 por oscarsarlinga

Por SIC el 29 de Enero de 2010

En el marco de la reciente presentación del mensaje del Papa Benedicto XVI para la 44 Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, monseñor Claudio Maria Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, confía en exclusiva a H2onews, la importancia del tema con relación al año sacerdotal que la celebra Iglesia Universal.

“Este año el Papa ha elegido un tema particolar en conexión con el año sacerdotal, el tema es “el sacerdote en el mundo digital, los nuevos medios de comunicación al servicio de la palabra.

“Es interesante porque el Papa en su mensaje habla del papel que el sacerdote juega, ejercita, en el campo de la pastoral digital, pero no se dirige solamente a los sacerdotes”.

“El mensaje se dirige a toda la Iglesia, que deve descubrir poco a poco el papel que juega el sacerdote en el nuevo campo de la pastoral del mundo digital”.

La tarea fundamental de todo sacerdote es el amor del mensaje evangélico y ser ejemplo de la Palabra de Dios para todos los miembros de la Iglesia y recordar a todos los hombres de la humanidad la buena noticia.

“El tema es importante porque el Papa reconoce que el sacerdote en este sector debe mantener una grande fidelidad al mensaje evangélico, debe ser un testigo apasionado de la Palabra de Dios, debe recordar, como dice el texto, a esta humanidad perdida que Dios está cerca, que Dios ama al hombre, éste es el tema fundamental de la buena noticia, del grande anuncio”.

Monseñor Celli puntualiza la invitación que el Papa dirige en su mensaje, con esta sucinta frase:

“Me parace que éste es el gran desafío, el anuncio sereno, profundo, que implica que el Papa dirige a todos nosotros con su mensaje en la 44 jornada mundial de las comunicaciones sociales”.

Como vemos, nuestro Papa Benedicto XVI no deja de sorprendernos. Y, como hemos dicho, esta vez lo ha hecho con el “Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales”, que inserta en el año sacerdotal desde una perspectiva tan original como sorprendente. Baste pensar que su lema es «El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra». Lo que el Papa quiere, en última instancia, es que los sacerdotes incorporen cada vez más a su acción pastoral el mundo de las nuevas tecnologías.
Es evidente que la tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Jesucristo y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los sacramentos. Lo que ocurre es que los medios modernos de comunicación dan a la Palabra una capacidad de expresión y difusión casi ilimitada, y abren enormes perspectivas a la acción evangelizadora de la Iglesia. Las autopistas de la comunicación digital se han convertido en un instrumento de intercomunicación tan poderoso, rápido y eficaz, que no usarlas sería una grave irresponsabilidad.
Esta realidad sitúa al sacerdote –en palabras del Papa- ante el umbral de una «nueva historia», porque en la medida en que las nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas y más se amplíen las fronteras del mundo digital, «tanto más se verá llamado el sacerdote a ocuparse pastoralmente de este campo».
El mandato de Jesucristo «Id al mundo entero, y predicad el Evangelio» pasa hoy, necesariamente, por el uso constante y gozoso de los medios digitales de comunicación. Por eso, el Papa no duda en afirmar que los sacerdotes, además de valerse «de los medios tradicionales, ha de hacerlo también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales: foto, video, animaciones, blogs, sitios web» para «la evangelización y la catequesis».
Evidentemente, el sacerdote seguirá necesitando una sólida formación teológica y una honda espiritualidad para descubrir al hombre de hoy el rostro de Cristo. Pero a esta formación hay que “unir el uso oportuno y competente de los medios digitales». La formación doctrinal y espiritual y el uso de los medios de comunicación han de ensamblarse en perfecta unidad y tener siempre delante el mismo horizonte: anunciar a los hombres y mujeres, especialmente a los no creyentes, la persona y doctrina de Jesucristo Salvador.
Uno se imagina con qué alegría y empeño se hubiera acercado san Pablo, el apóstol por antonomasia de los paganos, a esta tecnología digital, si hubiera existido en su época, a los fines de hacer llegar el mensaje salvador hasta el último rincón del planeta.
Porque hoy dìa, hay que reconocerlo, es una realidad que una página web o un blog pueda llegar al lugar más alejado de la civilización. Y es posible entrar en contacto creyentes de cualquier religión, con no creyentes, así como con personas de todas las culturas.
De todos modos, los medios masivos de comunicación, y las modernas tecnologías, por sorprendentes que sean, han de ser usadas con fundamento en los valores, en las virtudes, en la alegría de evangelizar y de construir la civilización del Amor. En ese sentido, no se trata tanto de “estar por el simple hecho de estar presente” en dichos medios, o de simplemente “hacer uso de ellos”. Presuponiendo esto último, lo que tenemos que tener ante la vista es concebirlos como “instrumentos” al servicio de la evangelización y de la dignidad de la persona humana, de su promoción humana integral.
Es en este aspecto como el sacerdote ha de ser siempre consciente de ser un “servidor de la Palabra” que salva y favorece el desarrollo humano integral. De ahí que, como señala el Papa, siempre hay que asegurar «la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales». Los medios tendrán la calidad humana y espiritual de las personas que los manejan y llevan adelante. Misión del sacerdote es “animar a esas personas”, en el sendido de “darles alma”, derramando sobre ellas todo su caridad y celo pastoral.

EL PAPA INSTA A LOS SACERDOTES A USAR DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE COMUNICACIÓN, ENTRE LAS CUALES LOS BLOGS

Enero 28, 2010 por oscarsarlinga
La exhortación del Papa Benedicto XVI llegó mientras enfatizaba que los sacerdotes deben aprender a utilizar nuevas formas de comunicación para propagar el mensaje del evangelio
En su mensaje a la Iglesia Católica Romana durante el día mundial de las comunicaciones, el pontífice de 82 años, que no es un fanático de las computadoras e internet, reconoció que los religiosos deben sacar el mayor provecho del “rico menú de opciones” ofrecido por nuevas tecnologías.

“Por consiguiente los sacerdotes son llamados a proclamar el evangelio por medio del uso de la última generación de recursos audiovisuales -imágenes, videos, elementos de animación, blogs, sitios web- que junto a medios tradicionales pueden abrir nuevos panoramas para el diálogo la evangelización y la catequesis”, comentó.

Los sacerdotes, agregó, tienen que responder al desafío de “los cambios culturales de hoy”, si quieren llegar a personas jóvenes. Pero Benedicto XVI hizo una advertencia a los religiosos que no intenten convertirse en estrellas de los nuevos medios.

“Los sacerdotes presentes en el mundo de las comunicaciones digitales deberían ser menos notables por su inteligencia mediática que por su amor al oficio religioso”, indicó.

Tras décadas de haber permanecido receloso de los nuevos medios, el Vaticano decidió utilizar las nuevas tecnologías. El año pasado, el Vaticano lanzó un nuevo sitio web: www.pope2you.net, ofreciendo una aplicación llamada “The pope meets you on Facebook” (“El Papa te encuentra en Facebook”) y otra que permite a los fieles ver los discursos del líder religioso en sus iPhones o iPods.

(tomado de Infobae, edición digital del 23 de enero de 2010)

BARUJ TENEMBAUM, PIONERO DEL DIÁLOGO JUDEOCRISTIANO

Enero 25, 2010 por oscarsarlinga
Carta de Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana (Argentina)

BUENOS AIRES, sábado, 23 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la carta que envió en el día en el que Benedicto XVI visitó la gran sinagoga de Roma, el 17 de enero, monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana (Argentina), a Baruj Tenembaum, judío, fundador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, pionero desde el pontificado de Pablo VI del diálogo judeocristiano.

* * *

Señor Baruj Tenembaum

De mi distinguida consideración

Agradezco de corazón su comunicación personal y su especial mención respecto de la celebración de este día 17 de enero de 2010, en que se da la feliz coincidencia (la cual nunca escapa a la Providencia divina) en que la Fundación Internacional Raoul Wallenberg que Vd. dignamente preside celebra un día de diálogo y memoria activa en homenaje a la desaparición heroica del benefactor del pueblo judío, el mencionado Raoul Wallenberg, diplomático sueco, y la visita del Sumo Pontífice Benedicto XVI a la Sinagoga de Roma.

Son ahora exactamente las 14 hora argentina, de este domingo 17, y me viene a la memoria cómo, de verdad, la historia es «Maestra de vida» («Historia Magistra vital») puesto que Vd. señor Baruj, nacido en “Las Palmeras” colonia de judíos de Europa Oriental en la provincia de Santa Fe, ha desplegado una indudable acción a favor del diálogo interreligioso, aún antes, de la mutua comprensión y simpatía entre judíos y cristianos, no menor en su dedicado trabajo respecto de palabra y acción de común con representantes de la Iglesia Católica.

Permítame recordar hoy el memorable enero de 1965, cuando, muy joven todavía, tuvo Vd. la honra de dialogar en audiencia con el Papa Pablo VI (primer Sucesor de Pedro en visitar la Tierra Santa-Israel), hasta la actualidad, ha hecho su leit motiv, la razón de su vida institucional y el de su Fundación, la conmemoración (incluso en el sentido bíblico de la palabra) de Raoul Wallenberg, hombre justo, porque extendió su brazo solidario a los hermanos judíos perseguidos por el nazismo, ese «ídolo surgiente» como ya lo había llamado, en los orígenes de aquél, el entonces Cardenal Eugenio Pacelli. Pensemos, respecto de esta frase, lo que en la concepción cristiana (y judía) significa “el culto a los ídolos”. E igualmente ha destacado Vd. con especial admiración y ardor la figura y acción del entonces Delegado Apostólico y luego Nuncio Angelo Roncalli, quien accediera al solio pontificio con el nombre de Juan XXIII, a quien ha promovido para su declaración de «Justo entre las Naciones».

Su vasta trayectoria, señor Baruj, y permítame que la recuerde, se traza en las huellas de innumerables peregrinaciones de católicos y judíos a Israel-Tierra Santa, las cuales lo llevaron a Vd. a fundar la Asociación Casa Argentina en Israel-Tierra Santa. Es bueno recordar la reminiscencia, o más bien, el recuerdo perenne, de todo ello respecto de nuestra patria argentina, con el magnífico mural de Raúl Soldi (de 1968) en la Basílica de la Anunciación, de Nazaret, que representa «el Hallazgo de la Virgen de Luján», símbolo netamente argentino de entre todas las ofrendas votivas de diferentes naciones. Siendo quien suscribe hoy el Obispo de Zárate-Campana (en cuya jurisdicción se encuentra el partido de Pilar) no podría dejar de mencionar que con probabilidad fue en la jurisdicción actual de esta diócesis (creada por Pablo VI en 1976) donde ocurrió «el milagro de Luján, en los pagos de Zelaya», según lo certificó y atestiguó el gran historiador Mons. Juan Presas; esto dicho sin ningún menoscabo del gran hecho de fe y de realidad concreta de contar con la perpetua presencia de la imagen auténtica en la magnífica Basílica de Luján. Prosiguiendo con la narración de este caminar, es también es la ocasión de hacer memoria de la iniciativa que Vd. tuvo, junto con el Emmo. Cardenal Antonio Quarracino (quien lo honró con su amistad), inolvidable Pastor de la Iglesia en la Argentina, Arzobispo de Buenos Aires, del mural con páginas de la Biblia y de devocionarios judíos rescatados del Holocausto, que fueron ubicados en la iglesia catedral primada.

Todas esas acciones, señor Tenembaum, se ubican en el contexto de los grandes pilares de nuestra común herencia, destacándose en el ámbito judío nombres célebres como los de Martin Buber (Cfr. MARTIN BUBER, Deux types de foi. Foi juive et foi chrétienne, Cerf, París, 1991, trad. cast.: Dos mundos de fe, Caparrós, 1996), y Franz Rosenzweig (Cfr. FRANZ ROSENZWEIG,Stern der Erlösung, Frankfurt, 1921, trad. francesa: L’étoile de la Rédemption, Seuil, (1971), París, 1982, trad. cast.: La estrella de la Redención, Sígueme, 1997), o en Argentina el Rabino León Klenicki, director del ADL’s Department of Interfaith Affairs, sin excluir a otras destacadas personalidades, algunas actuales.

Como dije, en su comunicación me decía Vd. con sentimiento que se conmemora la desaparición, en 1945, del diplomático sueco Raoul Wallenberg, detenido y desaparecido por el ejército soviético luego de salvar las vidas de decenas de miles de judíos en Hungría, ocupada por el nazismo. Un testimonio de tal magnitud -junto con el de muchos otros- sigue interpelándonos y llamándonos a la responsabilidad, más aún, a la corresponsabilidad, en el diálogo interreligioso, sereno, profundizador de la verdad, en el aprecio mutuo de nuestras culturas, en el diálogo de las religiones (las del tronco abrahamítico, sin excluir a ninguna otra, como nuestra responsabilidad más próxima), lo cual es, me atrevo a decir, condición básica para la paz en el mundo.

En el proyecto del Señor, se da que hoy, 17 de enero, es la tercera vez que Benedicto XVI visita una sinagoga, la primera vez en Roma, después en Colonia (el 22 de agosto de 2005) y también en New York (el 18 de abril de 2008). Apenas acabo de ver un anticipo de las noticias en versiones digitales de diarios italianos en Internet. El Pontífice Romano Benedicto abre su corazón a los hermanos judíos, casi veinticuatro años después de que su inmediato predecesor, Juan Pablo II, en un gesto histórico, fuera el primer Papa que traspusiera el umbral de un Templo hebreo, el fausto 13 de abril de 1986.

Benedicto XVI ha sido recibido por la comunidad judía de Roma, marcando una etapa más en el camino de la concordia y la amistad entre nuestros pueblos, entre nuestras religiones. En el Ángelus de hoy por la mañana señalaba el Santo Padre que: “De hecho, a pesar de los problemas y las dificultades, entre los creyentes de las dos religiones se respira un clima de gran respeto y diálogo”, como se observa de la valoración común de lo que nos une: “ante todo, la fe en el único Dios, pero también la tutela de la vida y de la familia, la aspiración a la justicia social y a la paz” ( Benedicto XVI, Angelus del 17 de enero de 2009, en:http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=349920). En su reciente discurso a la Curia romana, haciendo alusión a su reciente peregrinación a Tierra Santa, Benedicto XVI ha querido subrayar el significado de su visita a Yad Vashem, el Memorial del Holocausto en Jerusalén: “un encuentro sobrecogedor con la crueldad de la culpa humana, con el odio de una ideología ciega que sin justificación alguna ha condenado a millones de personas a la muerte y, de esta forma, ha querido extirpar del mundo también a Dios, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y al Dios de Jesucristo”.

Es nuestra común herencia. En ese marco, no podría olvidar, señor Baruj, que nuestro último encuentro programático, en Buenos Aires, respecto del diálogo judeo-cristiano (cuando quien habla era todavía Obispo auxiliar de Mercedes-Luján, y por consiguiente nuestro diálogo versó también la réplica de la Virgen de Luján, de Soldi), tuvo lugar en la misma tarde en que, en hora argentina, justo recibimos la noticia oficial del «Paso a la Casa del Padre» del querido Papa Juan Pablo II, en ese 2 de abril de 2005. He sabido por la agencia ZENIT y por otros medios internacionales que ha sido Vd. uno de los candidatos para el Premio Nobel del año 2009 (CfNobel Candidate Honors John XXIII, Artículo en ZENIT, en. www.zenit.org/article-28042?l=english, 14 de enero de 2010); por haber dedicado su vida a descubrir el heroísmo de seres humanos, y en lo que concierne al ámbito católico (que no es el único), como lo he dicho, señaladamente para con el Mons. Angelo Roncalli, luego Papa Juan XXIII, hoy declarado bienaventurado por la Iglesia católica.

Vemos en el heroísmo que nos transmitieron esos «testigos» que el Amor, sí con mayúsculas, y la solidaridad trascienden los límites de las nacionalidades, de las institucionalidades, y aún del miedo (esa pulsión-pasión difícil de refrenar) impuesto por regímenes totalitarios. Le reconozco a Vd. el sentido de justicia que tuvo también su implícito reconocimiento acerca de que Angelo Giuseppe Roncalli realizó esas destacadas acciones «mientras cumplía funciones como Delegado Apostólico en Estambul durante la segunda guerra mundial fue el responsable de salvar a numerosos judíos». Como Delegado Apostólico, justo es reconocer que representaba a quien era el Sucesor de Pedro.

El Santo Padre Benedicto nos ha pedido hoy en la Sinagoga de Roma que continúe el diálogo entre nosotros, que recordemos nuestra «común tradición» y nos ha exhortado a “reconocer al único Señor, contra la tentación de construirse otros ídolos, de hacerse falsos becerros de oro», así como a «despertar en nuestra sociedad la apertura a la dimensión trascendente, dar testimonio del único Dios» lo cual constituye «un servicio precioso que judíos y cristianos pueden ofrecer juntos».

Gracias al Señor, porque se puede dialogar. Gracias por la acogida del Gran Rabino, de Rabinos y representantes del mundo hebraico, al Papa. Gracias al Señor porque podemos aceptarnos mutuamente, gracias al Señor porque un Papa, Sucesor de Pedro, puede dirigir esas palabras en la Sinagoga de Roma, habiendo ingresado entre el aplauso cerrado de los ciudadanos italianos, de religión o tradición judía, y también de otros de colmaban el Templo.

Gracias al Señor porque podemos ver las diferencias que permanecen, y algunas dudas o heridas que quizá no estén del todo cerradas, pero podemos hacerlo con respeto, con mutua estima, y mirando hacia delante en un proyecto de vivir en armonía, mutua escucha, sana colaboración, y construcción de la civilización según principios cívicos y trascendentes.

Recientemente ha dicho el Gran Rabino de Roma, Riccardo Di Segni: “Nuestra amistad debe servir para demostrar que se puede testimoniar la propia fe en modo no ofensivo, no agresivo y no violento respecto de los otros creyentes, y de los otros seres humanos. Y es un mensaje importantísimo en la fase actual” (http://www.avvenire.it/Chiesa/intervista+Di+Segni_201001161304599400000.htm).

Un ejemplo significativo en nuestros días lo constituyen las reuniones entre la Santa Sede y elInternacional Jewish Congress, cuyo comité de enlace, por ejemplo, se reunió en Buenos Aires en julio de 2004 para tratar el tema Tzedek y Tzedaka, Justicia y Caridad, y en una declaración conjunta redactada entre católicos y judíos afirmó que “nuestro compromiso conjunto con la justicia tiene una profunda raíz en ambos credos. Recordamos la tradición de ayudar a la viuda, al huérfano, al pobre y al extranjero, según el mandato de Dios (Ex 22,20-22; Mt 25,31-46)”.

Nuestra corresponsabilidad en el diálogo interreligioso y en las acciones correspondientes, señor Baruj, creo que podríamos orientarla, junto con la profundización de nuestra herencia común, hacia la realización de la Justicia y la Caridad en el mundo de hoy, y las pongo así, con mayúsculas, porque son virtudes mayúsculas por excelencia, magníficas, humildes, instituyentes, hermanantes.

Son virtudes, o valores, si se los quiere ver así, que hemos de profundizar, acrecentar y poner en práctica, en particular en las religiones del tronco abrahamítico, resumidas en su origen más hondo: la paternidad de Dios Misericordioso y Fiel. Y esto en apertura y valoración de quien quizá no cree, o no profesa religión, pero espera un mundo mejor y está dispuesto a poner mente, manos y corazón para ello, para la consecución de la paz en un sentido integral.

Ojalá nos lo conceda Dios y lo pongamos en obra. El Amor todo lo vence.

Felicitaciones por su obra.

+Oscar Sarlinga

Obispo de Zárate-Campana

Argentina

Fuente: http://www.zenit.org/article-34029?l=spanish

LA MISIÓN CONTINENTAL EN NUESTRA DIÓCESIS

Enero 19, 2010 por oscarsarlinga
LA MISIÓN CONTINENTAL EN NUESTRA DIÓCESIS: IMPLORAR Y VIVIR UN NUEVO PENTECOSTÉS EN NUESTRA IGLESIA PARTICULAR


En la “Carta pastoral de los obispos argentinos” con ocasión de la Misión Continental (aprobada por la 153ª Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina el 20 de agosto de 2009, se nos dice, en el n. 1. que “(…) El acontecimiento de Aparecida ha sido para la Iglesia una invitación a renovar nuestro ardor apostólico y nuestro fervor. Cada uno de nosotros sabe lo que es “evangelizar” y lo que implica esta vocación en la Iglesia. Pues “anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas” (DA 30)”.

Bajo el amparo de la Virgen de Luján, Patrona de nuestra diócesis, Patrona de la Argentina, y de conformidad con nuestra pastoral diocesana, ya desde 2007 estamos como diócesis, en estado de misión, a comenzar por la dimensión misionera de la pastoral entera, y de la pastoral ordinaria en particular. En efecto, la pastoral ordinaria puede y debe conllevar una dimensión misionera, como tantas veces lo hemos reflexionado. En ZENIT.org, el lunes 1 octubre 2007 se publicaba: “En la ciudad argentina de Campana, «ya se ha puesto en marcha el espíritu que nos pedían los obispos de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida»”. Así lo fue en distintas ciudades y pueblos de nuestra diócesis. Con ese fin, y visto el valor del las Orientaciones del Consejo Episcopal Latinoamericano para la misión en nuestro continente, ofrecemos para la reflexión estas líneas, que manifiestan “la Iglesia en misión permanente”.
Veremos cómo están en consonancia con «Navega Mar adentro» y con nuestro «Plan Pastoral diocesano».

ORIENTACIONES DEL CELAM
http://www.celam.org/MisionContinental/orientaciones.doc.

I.
UNA IGLESIA MISIONERA EN EL CONTINENTE
EL ESPÍRITU NOS IMPULSA A LA MISIÓN

El documento conclusivo de la V Conferencia de Aparecida, recordando el mandato del Señor de “ir y hacer discípulos entre todos los pueblos”(1), desea despertar un gran impulso misionero en la Iglesia en América Latina y El Caribe. Esta es, sin duda alguna, una de las principales conclusiones de ese gran encuentro eclesial. Este impulso misionero se puede desglosar en cuatro consecuencias prácticas:
-aprovechar intensamente esta hora de gracia;
-implorar y vivir un nuevo Pentecostés en todas las comunidades cristianas;
-despertar la vocación y la acción misionera de los bautizados, y alentar todas las vocaciones y ministerios que el Espíritu da a los discípulos de Jesucristo en la comunión viva de la Iglesia.
-salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza(2).
El Espíritu Santo nos precede en este camino misionero. Por eso confiamos que este testimonio de Buena Nueva constituya, a la vez, un impulso de renovación eclesial y de transformación de la sociedad.

NATURALEZA Y FINALIDAD DE LA MISIÓN
La misión es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia llamada por el Señor a evangelizar a todos los pueblos. “Su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios”(3). Por eso, la misión que se realice como fruto del encuentro de Aparecida debe, ante todo, animar la vocación misionera de los cristianos, fortaleciendo las raíces de su fe y despertando su responsabilidad para que todas las comunidades cristianas se pongan en estado de misión permanente.
Se trata de despertar en los cristianos la alegría y la fecundidad de ser discípulos de Jesucristo, celebrando con verdadero gozo el “estar-con-Él” y el “amar-como-Él” para ser enviados a la misión. “No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza!”(4).
Así, la misión nos lleva a vivir el encuentro con Jesús como un dinamismo de conversión personal, pastoral y eclesial capaz de impulsar hacia la santidad y el apostolado a los bautizados, y de atraer a quienes han abandonado la Iglesia, a quienes están alejados del influjo del evangelio y a quienes aún no han experimentado el don de la fe.
Esta experiencia misionera abre un nuevo horizonte para la Iglesia de todo el continente que quiere “recomenzar desde Cristo” recorriendo junto a El un camino de maduración que nos capacite para ir al encuentro de toda persona, hablando el lenguaje cercano del testimonio, de la fraternidad, de la solidaridad.

LA IGLESIA EN MISIÓN PERMANENTE
La Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en “estado permanente de misión”(5). Se trata de fortalecer la dimensión misionera de la Iglesia en el Continente y desde el Continente. Esto conlleva la decisión de recorrer juntos un itinerario de conversión que nos lleve a ser discípulos misioneros de Jesucristo. En efecto, “discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo él nos salva (cf. Hch 4, 12)”(6).
El “estado permanente de misión” implica ardor interior y confianza plena en el Señor, como también continuidad, firmeza y constancia para llevar “nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas”(7). El mismo Espíritu despertará en nosotros la creatividad para encontrar formas diversas para acercarnos, incluso, a los ambientes más difíciles, desarrollando en el misionero la capacidad de convertirse en “pescador de hombres”.
En fin, “estado permanente de misión” implica una gran disponibilidad a repensar y reformar muchas estructuras pastorales, teniendo como principio constitutivo la “espiritualidad de la comunión”(8) y de la audacia misionera. Lo principal es la conversión de las personas. No cabe duda(9). Pero ello debe llevar naturalmente a forjar estructuras abiertas y flexibles capaces de animar una misión permanente en cada Iglesia Particular.

II.
LA MISIÓN CONTINENTAL
UNA ACCIÓN MISIONERA CONTINENTAL PARA UNA IGLESIA EN MISIÓN PERMANENTE

“A la pregunta ¿para qué la misión? respondemos con la fe y la esperanza de la Iglesia: nuestra misión es compartir la Vida que nos transmite Cristo.(10) “El Amor es el que da la vida; por eso la Iglesia es enviada a difundir en el mundo la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).”(11) De esta manera la Iglesia es “misionera sólo en cuanto discípula, es decir, capaz de dejarse atraer siempre, con renovado asombro, por Dios que nos amó y nos ama primero (Cf. 1 Jn 4, 10).(12)
Este dinamismo misionero se da en un momento muy propicio. “Cuando muchos de nuestros pueblos se preparan para celebrar el bicentenario de su independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere, desde nuestra identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres.”(13).
A esto nos ayuda la próxima realización del Congreso Misionero Latinoamericano-COMLA8 /CAM3, lo mismo que el Sínodo sobre la Palabra en la vida y misión de la Iglesia (2008) y la celebración del Año Paulino en 2008-2009.
La misión es un rasgo constitutivo de la Iglesia
Un objetivo esencial de la Misión Continental es tomar conciencia de que la dimensión misionera es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia y del discípulo del Señor. Por eso, a partir del Kerigma, ella pretende vitalizar el encuentro con Cristo vivo y fortalecer el sentido de pertenencia eclesial, para que los bautizados pasen de evangelizados a evangelizadores y, a través de su testimonio y acción evangelizadora, nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños llegan a tener Vida plena en Él.
Para lograr ese objetivo “todos los bautizados estamos llamados a “recomenzar desde Cristo”, a reconocer y seguir su Presencia con el mismo realismo y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace 2000 años, y con los “Juan Diego” del Nuevo Mundo. Sólo gracias a ese encuentro y seguimiento, que se convierte en familiaridad y comunión, por desborde de gratitud y alegría, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar y gozar”(14).

Medios para la Misión
Beber de la Palabra, lugar de encuentro con Jesucristo
Si el objetivo central de la Misión es llevar a las personas a un verdadero encuentro con Jesucristo, el primer espacio de encuentro con El será el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios, de Jesucristo vivo, en la Iglesia, que es nuestra casa.(15).
La proclamación alegre de Jesucristo muerto y resucitado, a quien buscamos, y al “que Dios ha constituido Señor y Mesías” (Hech 2,36), ya es encuentro con la Palabra Viva, con Jesús mismo, la Palabra que salva.
Para entrar y permanecer en este lugar de encuentro con Cristo que es la Palabra, instrumento privilegiado de la misión, hay que destacar cinco metas particulares:
-el fomento de la “pastoral bíblica”, entendida como “animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangelización inculturada o de proclamación de la Palabra”(16);
-la formación en la Lectio divina, o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura(17), y su amplia divulgación y promoción;
-la predicación de la Palabra, de manera que realmente conduzca al discípulo al encuentro vivo, lleno de asombro, con Cristo, y a su seguimiento en el hoy de la vida y de la historia;
-el fortalecimiento, a la luz de la Palabra de Dios, del tesoro de la piedad popular de nuestros pueblos, “para que resplandezca cada vez más en ella “la perla preciosa” que es Jesucristo, y sea siempre nuevamente evangelizada en la fe de la Iglesia y por su vida sacramental”(18).
La presentación de la vida de los santos, en especial de la Virgen María, como páginas encarnadas del evangelio que tocan el corazón y motivan el camino del discípulo hacia Jesús y del misionero hacia la gente.
“Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y la meditación de la Palabra: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vea que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios”(19).

Alimentarse de la Eucaristía
Un segundo medio para la misión es la Sagrada Liturgia, en especial, los sacramentos de la Iniciación Cristiana, signos que expresan y realizan la vocación de discípulos de Jesús a cuyo seguimiento somos llamados. De forma significativa, la Eucaristía es lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. Y es, a la vez, fuente inagotable de la vocación cristiana y del impulso misionero; “allí, el Espíritu Santo fortalece la identidad del discípulo y despierta en él la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido”(20).
Dentro de este segundo medio misionero, hay que destacar cuatro metas particulares:
Conducir, mediante la iniciación cristiana, a la incorporación viva en la comunidad, cuya fuente y cumbre es la celebración eucarística, y dedicar tiempo y atención al seguimiento de quienes son incorporados a la comunidad;
Cultivar en la celebración eucarística su dimensión de renovación de la Nueva y Eterna Alianza, lugar de encuentro con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con los ángeles, los santos y entre los hermanos, de ofrecimiento de la vida del discípulo, cargando con su cruz, a la vez que de envío misionero.
-fomentar el estilo eucarístico de la vida cristiana, y recrear y promover la “pastoral del domingo”(21), dándole “prioridad en los programas pastorales”(22), para un nuevo impulso a la evangelización del pueblo de Dios(23);
-en los lugares donde no sea posible la Eucaristía, fomentar la celebración dominical de la Palabra, “que hace presente el Misterio Pascual en el amor que congrega (cf. 1Jn 3, 14), en la Palabra acogida (cf. Jn 5, 24-25) y en la oración comunitaria (cf. Mt 18, 20)”(24).

Construir la Iglesia como casa y escuela de comunión
Un tercer espacio de encuentro con Jesucristo es la vida comunitaria. “Jesús está presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno. Allí Él cumple su promesa: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20)”(25). Formar comunidad implica abrazar el estilo de vida de Jesús, asumir su destino pascual con todas sus exigencias, participar en su misión, estar en actitud de permanente conversión y mantener la alegría del discípulo misionero en el servicio al Reino.
Dentro de este tercer medio para la misión, hay que destacar cinco metas particulares:
-fomentar la conciencia de comunión a nivel familiar para que cada hogar se convierta en una iglesia doméstica, en un santuario de la vida, donde se le valora como don de Dios y se forma en ese sentido a las personas, una verdadera escuela en la fe, un espacio en que crecen misioneros de la esperanza y de la paz;
-formar pequeñas comunidades cristianas, abiertas y disponibles, en sus diversas formas y expresiones. Cultivar en ellas la pastoral de la acogida para que las personas experimenten su pertenencia a la Iglesia de modo personal y familiar;
-profundizar la dimensión comunitaria a nivel parroquial, para que la parroquia sea en verdad una comunidad de comunidades(26);
-animar a las comunidades de Vida Consagrada para que busquen compartir su testimonio de comunión misionera con la gran comunidad eclesial;
-todo esto orientado a la renovación de las estructuras pastorales, a fin de impulsar una nueva forma de ser Iglesia: más fraterna, expresión de comunión, más participativa y más misionera(27).

Servir a la sociedad, en especial, a los pobres
Un cuarto medio de encuentro con Jesucristo y de acción misionera es el servicio a la sociedad para que nuestros pueblos tengan la vida de Cristo y, de un modo especial, el servicio a los pobres, enfermos y afligidos(28) “que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo”(29).
Dentro de este cuarto medio para la misión, hay que destacar cuatro metas particulares:
-la fraternidad con los más pobre y afligidos, hermanos nuestros en quienes nos encontramos y servimos al Señor, y la defensa de los derechos de los excluidos(30), ya que allí se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo(31);
-la renovación y fortalecimiento de la pastoral social, a fin de que exprese en signos concretos la opción preferencial por los pobres y excluidos, especialmente con las personas que viven en la calle, con los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los niños en situaciones de riesgo y los detenidos en las cárceles(32);
-la atención pastoral de los constructores de la sociedad, que tienen la misión de forjar estructuras justas, que estén al servicio de la dignidad de las personas y de sus familias; como asimismo de los comunicadores sociales, para que alienten el crecimiento de una cultura que sea manifestación del reinado de Dios.
-el apoyo decidido a todas aquellas personas e instituciones que “dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común, algunas veces llegando a entregar la propia vida”(33).
Los medios de la misión, en su conjunto, deben ser nuestro instrumento para lograr la gran meta: impulsar la realización de la Misión Continental de tal forma que las Iglesias del continente se pongan en estado de misión. Esto significa que la acción misionera intensiva sea tan motivadora, que asuman la misión permanente como plan pastoral.

Simultaneidad y signos compartidos
Para ser “continental” se requiere la visibilización latinoamericana y caribeña de ciertos momentos de la acción misionera, es decir, alguna simultaneidad y signos compartidos:
el tríptico obsequiado por el Papa Benedicto XVI en Aparecida, acompañado de una sencilla catequesis sobre su simbología de fe;
la oración propuesta por el mismo Papa para preparar la V Conferencia y aquella con que termina su Discurso Inaugural;
el logo utilizado en Aparecida puede seguir siendo distintivo para los misioneros y para los subsidios que se preparen para esa labor;
a éstos signos pueden asociarse otros actos inspirados y ojalá simultáneos relacionados con solemnidades litúrgicas, como la Encarnación o Pentecostés, o fiestas Marianas especialmente de las advocaciones de Aparecida (12.10) y Guadalupe (12.12).

LA PEDAGOGÍA DE LA ACCIÓN MISIÓN CONTINENTAL
5.1. Cinco aspectos de un proceso evangelizador
En el proceso de formación de los discípulos misioneros “destacamos cinco aspectos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí”: el Encuentro con Jesucristo, la Conversión, el Discipulado, la Comunión y la Misión(34).
Esto implica:
-conocer las búsquedas de las personas -y los pueblos- que Dios nos confía, y llevarlas a un encuentro con Jesucristo vivo,
-que suscita una actitud de conversión,
-y la decisión de seguir los pasos de Jesús,
-para que, viviendo en común-unión con Cristo, como con-vocados por Él(35), dentro de la comunión de la Iglesia, crezca y sea vivo un fuerte sentido de pertenencia eclesial,
-y un proceso de formación integral, kerigmática, permanente, procesual, diversificada y comunitaria, que contemple el acompañamiento espiritual,
-los bautizados asuman su compromiso misionero y pasen de evangelizados a evangelizadores, a fin de que el Reino de Dios se haga presente y así nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños tengan vida en Él.
Estas dimensiones del camino podemos explicarlas con palabras que encontramos en el mismo evangelio, y que describen el proceso de encuentro, formación y envío, de quienes reciben la vocación de ser discípulos misioneros para que los pueblos tengan vida en Cristo(36):
Todo comienza con una pregunta: “¿Qué buscan?” (Jn 1, 38). Comenta el documento de Aparecida 279 a: “Quienes serán sus discípulos ya lo buscan. Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana”. (Búsqueda)
Los discípulos, que quieren encontrarse con Cristo, le preguntan: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1. 38). Jesucristo los invita a vivir una experiencia: “Vengan y lo verán” (Jn 1, 39), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). (Encuentro)
Encontrando a Felipe le dijo: “Sígueme”(Mt 4,19), y más tarde, junto al lago de Galilea, asombrados por la enseñanza del Maestro y por la pesca milagrosa, también Pedro, Andrés, Santiago y Juan, “dejándolo todo, le siguieron”. (Conversión y Discipulado)
Los llamó “para que estuvieran con él” (Mc 3, 14) y “permanecieran en su amor”, formando una comunidad de discípulos, que más tarde fue conocida por su solidaridad, y por su unidad en la oración, en la fracción del pan y en la enseñanza de los apóstoles (Cfr Hechos 3, 42ss). (Comunión)
Pero la llamada de Jesús al discipulado es inseparable de la vocación misionera. Ya en el encuentro a orillas del lago les manifiesta su propósito: “Os haré pescadores de hombres”, y cuando llama a los doce les dice explícitamente que los llama para “enviarlos a predicar” (Mc 3, 14). Y antes de ascender a los cielos, los envía “a hacer discípulos a todos los pueblos, bautizándolos …”(Mt 28,19) . (Misión)
Para lograr este proceso, y recuperar a personas que se han alejado “hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes”:
“un encuentro personal con Jesucristo, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral”;
“la vivencia comunitaria [pues] nuestros fieles buscan comunidades donde sean acogidos fraternalmente … Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsable en su desarrollo”;
“una formación bíblica-doctrinal […] acentuadamente vivencial y comunitaria” que es necesaria para madurar la experiencia religiosa y se percibe como una “herramienta fundamental y necesaria en el conocimiento espiritual, personal y comunitario”;
“el compromiso misionero de toda la comunidad… que sale al encuentro de los alejados, se interesa por su situación, a fin de reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella”(37).
Hay que ser concientes que sólo surgirán discípulos misioneros si en el proceso enunciado, nuestras comunidades se comprometen con la evangelización de los bautizados que no tienen conciencia de ser discípulos, acompañándolos para que puedan vivir una maduración paulatina hacia la voluntad de servicio y, así, respondan al envío que el Señor les da por medio de la Iglesia.
En esta vivencia, la renovación de la conversión personal y pastoral de los pastores y de todos los consagrados es un elemento indispensable para que el testimonio coherente de vida sea el cimiento pedagógico fundamental.

5.2. Caminos hacia el encuentro con Cristo
Una auténtica propuesta de encuentro con Jesucristo debe tener en cuenta los siguientes elementos:
Una experiencia de la presencia de Jesucristo en la vida personal y comunitaria del creyente: en la lectura meditada y eclesial de la Sagrada Escritura; en la celebración eucarística, fuente inagotable de la vocación cristiana y fuente inextinguible del compromiso misionero; en el dinamismo de una vida comunitaria, participativa y fraterna; y en el servicio a los pobres y excluidos;
Una revalorización de la piedad popular, la cual es una “manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda”(38).
Un fortalecimiento de la presencia cercana de María, “imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo”(39), a la vez que madre y educadora de discípulos misioneros de Jesucristo(40); un rescate de los testigos del Evangelio en América, varones y mujeres que vivieron heroicamente su fe en un camino de santidad, junto a aquellos que derramaron su sangre en el martirio”(41)

5.3. Pedagogía del encuentro y de la comunión
Pedagogía del encuentro: La misión debe realizarse dentro del dinamismo de la pedagogía del encuentro que puede darse de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad(42). Siendo que todo pastor –lo que vale también para cada misionero- ha de reflejar al Buen Pastor, es evidente que nuestra pastoral tiene que estar entretejida de encuentros, en la sencillez, la cordialidad, la solicitud, la escucha y el servicio a los demás. ”En este esfuerzo evangelizador, la comunidad eclesial se destaca por las iniciativas pastorales, al enviar, sobre todo entre las casas de las periferias urbanas y del interior, sus misioneros, laicos o religiosos, buscando dialogar con todos en espíritu de comprensión y de delicada caridad”(43).
Pedagogía de Comunión. Es importante realizar la misión en el continente como gran expresión de comunión. Que se manifieste la comunión con Dios en la oración unánime, implorando con María, la madre de Jesús, el Espíritu Santo, y la unidad con el Papa, entre las Conferencias Episcopales y entre las Iglesias particulares, ayudándose recíprocamente en su realización, especialmente en personal y recursos;
“Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de las demás. La colaboración entre las Iglesias, por medio de una reciprocidad real que las prepare a dar y a recibir, es también fuente de enriquecimiento para todas y abarca varios sectores de la vida eclesial. A este respecto, es ejemplar la declaración de los Obispos en Puebla: “Finalmente, ha llegado para América Latina la hora … de proyectarse más allá de sus propias fronteras, ad gentes. Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero debemos dar desde nuestra pobreza… La misión de la Iglesia es más vasta que la “comunión entre las Iglesias”: ésta, además de la ayuda para la nueva evangelización, debe tener sobre todo una orientación con miras a la especifica índole misionera.”(44).

5.4. La misión, tarea de todos y para todos
Agentes pastorales y evangelizadores
La realización de la misión “requerirá la decidida colaboración de las Conferencias Episcopales y de cada diócesis en particular”(45).
El Obispo es el primer responsable de la misión en cada Iglesia particular y es quien debe convocar a todas las fuerzas vivas de la comunidad para este gran empeño misionero: “sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas dificultades, para la difusión de la verdad evangélica”(46).
“Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”(47).
Para los Ministros Ordenados es un gran momento de gracia que les pide renovar la comunión de los Presbíteros y Diáconos con el Obispo y de ellos entre sí. Así como el entusiasmo y la entrega al servicio del evangelio. Ellos son los portadores primeros de todo este impulso misionero y habría que sensibilizarlos especialmente en el espíritu y conversión pastoral de Aparecida.
“La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (DA 201).

El papel privilegiado de los laicos
Cualquier esfuerzo misionero exige, de manera particular, la participación activa y comprometida de los fieles laicos en todas las etapas del proceso. “Hoy, toda la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en estado de misión. La evangelización del Continente, nos decía el papa Juan Pablo II, no puede realizarse hoy sin la colaboración de los fieles laicos(48). Ellos han de ser parte activa y creativa en la elaboración y ejecución de proyectos pastorales a favor de la comunidad. Esto exige, de parte de los pastores, una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien, por su bautismo y su confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo. En otras palabras, es necesario que el laico sea tenido muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación”(49).
La Misión Continental debe tener especial penetración en los sectores culturales, políticos y de dirigentes sociales y económicos que identifican a nuestra sociedad globalizada. Para que esto sea posible, debemos reafirmar vigorosamente la misión peculiar y específica del laico en el mundo secular(50), evitando la tentación de motivar a los laicos más comprometidos con su fe, tan sólo a involucrarse en los servicios que necesita la comunidad eclesial para formarse, sostenerse y crecer.

La misión inestimable de la Vida Consagrada
Para los miembros de los Institutos de Vida Consagrada, varones y mujeres que están llamados a dar un testimonio convincente de la alegría de ser pertenencia de Dios como discípulos y misioneros de Cristo, y de prodigarse generosamente al servicio de sus hijos, especialmente de los más marginados, y de manifestar en la Iglesia la multiplicidad de los dones carismáticos del Espíritu Santo, su participación en la Misión Continental, como grandes colaboradores de los Pastores, contribuirá fuertemente al despertar misionero de América Latina y del Caribe.

Interlocutores y destinatarios
Los destinatarios (o “interlocutores”) de la misión somos todos, comenzando por los discípulos misioneros que animan el proceso evangelizador, pero especialmente debe dirigirse a los pobres, a los que sufren y a los alejados(51), e impulsar a los constructores de la sociedad a su misión cristiana de transformarla.
Llegar hasta los más alejados debe ser siempre uno de los objetivos de la dimensión misionera de la Iglesia, utilizando los medios adecuados a cada situación. “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la construcción de su Reino en América Latina. Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las montañas y selvas de nuestra América, en todos los ambientes de la convivencia social, en los más diversos “areópagos” de la vida pública de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia, asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misión universal de la Iglesia”(52).

RECURSOS PARA LA MISIÓN
Convocación comunitaria
La parroquia sigue siendo una referencia fundamental en el proceso evangelizador, con sus comunidades eclesiales de base, movimientos y grupos apostólicos. La misión está llamada a ser un dinamismo permanente de gran importancia para que la parroquia se haga “parroquia misionera”.
La misión exige una convocatoria a los discípulos misioneros y a las comunidades eclesiales. En la misión se debe aprovechar el potencial educativo de la Iglesia, a través de sus escuelas e institutos de formación, valorando el dinamismo misionero de los miembros de la comunidad educativa.
Un fenómeno importante de nuestro tiempo es la aparición y difusión de diversas formas de voluntariado misionero(53), conformado en buena parte por jóvenes, quienes están dispuestos a dar tiempo y talento para la misión. Mención especial merecen los grupos y asociaciones de niños misioneros, pues esto crea una dinámica especial en las familias. Por otra parte, se considera importante la labor de los emigrantes como discípulos misioneros, quienes “están llamados a ser una nueva semilla de evangelización, a ejemplo de tantos emigrantes y misioneros que trajeron la fe cristiana a nuestra América”(54).

Formación de misioneros
Aparecida asumió una “clara y decidida opción por la formación de los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados, cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia”(55).
La formación debe estar impregnada de espiritualidad misionera, que es impulso del Espíritu que “motiva todas las áreas de la existencia, penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así, se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo”(56). El Espíritu entreteje vínculos de comunión entre los diversas vocaciones para que realicen la única misión como miembros complementarios de un solo Cuerpo.

Signos y gestos de cercanía y dignificación de los más pobres
“Por eso, no puede separarse de la solidaridad con los necesitados y de su promoción humana integral: “Pero si las personas encontradas están en una situación de pobreza – nos dice aún el Papa –, es necesario ayudarlas, como hacían las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad, para que se sientan amadas de verdad. El pueblo pobre de las periferias urbanas o del campo necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz. Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio y un Obispo, modelado según la imagen del Buen Pastor, debe estar particularmente atento en ofrecer el divino bálsamo de la fe, sin descuidar el ‘pan material’”(57).
La evangelización, como acción privilegiada hacia los pobres, debemos vivirla teniendo presente que los más humildes nos evangelizan.

CRITERIOS PARA LA MISION
Conversión personal y pastoral
La misión exige una indispensable conversión pastoral, tanto de las personas como de las mismas estructuras de la Iglesia. Se deben reconocer las estructuras caducas y buscar las nuevas formas que exigen los cambios. “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial”(58) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera”(59).
Atención a los signos culturales: inculturación y presencia en nuevos aerópagos.
Hay que tener en cuenta la compleja y variada realidad de nuestro continente, como es el caso de las megápolis, los ambientes suburbanos y de las grandes periferias, como asimismo de los ambientes campesinos, mineros y marítimos, sin olvidar los hospitales, los centros de rehabilitación y las cárceles, lo mismo que las peculiaridades de las Iglesias en las diversas regiones. La misión, siendo única, deberá ser al mismo tiempo diversa. Por eso, es necesario estar atentos a los signos culturales de la época, de tal manera que las nuevas expresiones y valores se enriquezcan con las buenas noticias del Evangelio de Jesucristo, logrando, “unir más la fe con la vida y contribuyendo así a una catolicidad más plena, no solo geográfica, sino también cultural”(60).

En el contexto de la acción pastoral normal
La realización de una misión continental debe darle dinamismo a los planes pastorales vigentes, renovando las estructuras que sean necesarias. “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”(61).
“No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.
A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”(62).

Con nuevos lenguajes: comunicación
En la misión es necesario tener muy en cuenta la cultura actual, la cual “debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia, con un lenguaje comprendido por nuestros contemporáneos. Solamente así la fe cristiana podrá aparecer como realidad pertinente y significativa de salvación. Pero, esta misma fe deberá engendrar modelos culturales alternativos para la sociedad actual”(63). Esto ayudará a “comunicar los valores evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como ésta es presentada”(64) y vivida.
En la misión hay que “optimizar el uso de los medios de comunicación católicos, haciéndolos más actuantes y eficaces, sea para la comunicación de la fe, sea para el diálogo entre la Iglesia y la sociedad”(65).
Será muy importante hacer presente el anuncio misionero en los medios de comunicación en general, así como en los espacios virtuales, cada vez más frecuentados por las nuevas generaciones. Así como en radio y televisión ya existen experiencias de programas educativos en la fe, también un portal interactivo puede ser una opción útil en el desarrollo de la misión.

LUGARES de COMUNION
Las Conferencias Episcopales como espacios de comunión entre las Iglesias locales necesitan reavivar su identidad y misión, para apoyar especialmente a las Iglesias con menores recursos, motivando la generosidad y apertura.
Cada Diócesis necesita robustecer su conciencia misionera, saliendo al encuentro de quienes aún no creen en Cristo en el ámbito de su propio territorio y responder adecuadamente a los grandes problemas de la sociedad en la cual está inserta. Pero también, con espíritu materno, está llamada a salir en búsqueda de todos los bautizados que no participan en la vida de las comunidades cristianas(66).
En la diócesis, el eje central deberá ser un proyecto orgánico de formación, aprobado por el Obispo y elaborado con los organismos diocesanos competentes, teniendo en cuenta todas las fuerzas vivas de la Iglesia particular… Se requieren, también, equipos de formación convenientemente preparados que aseguren la eficacia del proceso mismo y que acompañen a las personas con pedagogías dinámicas, activas y abiertas(67).
La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado el kerygma, quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro(68).
Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este inicio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros(69).
La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión(70).
La renovación misionera de las parroquias se impone tanto en la evangelización de las grandes ciudades como del mundo rural de nuestro continente, que nos está exigiendo imaginación y creatividad para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo. Particularmente, en el mundo urbano, se plantea la creación de nuevas estructuras pastorales, puesto que muchas de ellas nacieron en otras épocas para responder a las necesidades del ámbito rural(71).
Señalamos que es preciso reanimar los procesos de formación de pequeñas comunidades en el Continente, pues en ellas tenemos una fuente segura de vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa, y a la vida laical con especial dedicación al apostolado. A través de las pequeñas comunidades, también se podría llegar a los alejados, a los indiferentes y a los que alimentan descontento o resentimientos frente a la Iglesia(72).
En la vida y la acción evangelizadora de la Iglesia, constatamos que, en el mundo moderno, debemos responder a nuevas situaciones y necesidades. La parroquia no llega a muchos ambientes en las megápolis. En este contexto, los movimientos y nuevas comunidades son un don de Dios para nuestro tiempo, acogen a muchas personas alejadas para que puedan tener una experiencia de encuentro vital con Jesucristo y, así, recuperen su identidad bautismal y su activa participación en la vida de la Iglesia. En ellos, “podemos ver la multiforme presencia y acción santificadora del Espíritu”(73).
La opción por la Misión Continental y su finalidad de impulsar la misión permanente, otorga a los organismos e institutos misioneros una responsabilidad particularmente importante para dinamizar su labor habitual y ofrecer apoyo subsidiario a los diferentes niveles eclesiales.

Invocación final
Ponemos este proyecto en manos de Nuestra Señora, bajo sus advocaciones de Aparecida y de Guadalupe, conscientes de que quien le abrió el camino al Evangelio en nuestro Continente será quien inspire, ayude y proteja nuestro proyecto misionero. Ella no es sólo la primera discípula y misionera del Evangelio sino aquella que, con un corazón inmensamente materno, goza más que nadie cuando su Hijo es conocido y amado, y le va traspasando a sus nuevos hijos con el “he aquí a tu hijo” característico de su Hora pascual.

Notas:
1-Mt. 28, 20
2-Documento de Aparecida DA 548.
3-GS 40.
4-DA 548.
5-DA 213 y 551.
6-DI 3.
7-DA 551.
8-Cf. Juan Pablo II, NMI 43.
9-Cf DA 10
10-RMi 11.
11-Benedicto XVI, Homilía de la Eucaristía en Aparecida, 13 mayo 2007.
12-Benedicto XVI, Homilía de la Eucaristía en Aparecida, 13 mayo 2007.
13-DA 13
14-DA 549
15-Cf. DA 246.
16-DA 247
17-DA 248
18-DA 549
19-DI 3
20-DA 251
21-Cf Sacranentum Caritatis
22-DI 4
23-DA 252
24-DA 253
25-DA 256
26-Cf RMi 20
27-DA 379
28-Cf. Mt 25, 37-40
29-DA 257
30-DA 257
31-NMI 49
32-Cf DA 399-430
33-DA 256
34-cf. DA 278
35-cf. DA 154 y 156
36-cf. DA 244, 245, 276, 278
37-cf. DA 226
38-DA 264 La misión de la Iglesia es más vasta que la “comunión entre las Iglesias”: ésta, además de la ayuda para la nueva evangelización, debe tener sobre todo una orientación con miras a la especifica índole misionera.
39-DA 270
40-cf. DA 267, 270
41-cf DA 275
42-DA 550
43-Benedicto XVI. Homilía a los Obispos de Brasil, 3. Mayo 11 de 2007.
44-Redemptoris missio 64
45-DA 551.
46-Benedicto XVI. Homilía a los Obispos de Brasil, 3. Mayo 11 de 2007.
47-DA 365
48-cf. EAm 44
49-DA 213
50-cf. DA capítulo 10.
51-DA 550
52-DA 567
53-DA 386
54-DA 391
55-DA 276
56-DA 285
57-DA 550
58-NMI 12
59-DA 370
60-DA 479
61-DA 379
62-DA 12
63-DA 480
64-DA 497
65-DA 497
66-DA 168
67-DA 281
68-DA 293
69-DA 174
70-DA 172
71-DA 173
72-DA 310
73-DA 312

Los católicos de todo el mundo responden al llamamiento del Papa por Haití

Enero 16, 2010 por oscarsarlinga
Sábado, 16 ene (RV).- Los católicos de todo el mundo responden al apremiante llamamiento del Papa ante la trágica situación que vive Haití, a raíz del devastador terremoto que asoló a esta nación. También desde Roma, el embajador Alejandro Valladares, representante de Honduras ante la Santa Sede y decano del cuerpo diplomático nos explicaba cómo se está organizando su país para enviar ayuda para los damnificados por el seísmo.

Prosigue sin cesar también la actividad del Nuncio Apostólico en Puerto Príncipe, el arzobispo Bernardito Auza, que además de mantener reuniones de coordinación de las ayudas, en la sede de la Nunciatura, está visitando las zonas más afectadas por la catástrofe.

Entre las ayudas de urgencia que han empezado a ser enviadas a Haití, desde España, respondiendo asimismo al pedido de la Conferencia Episcopal Española, están las de Caritas y las ONGs católicas. En las diócesis españolas se ha promovido una iniciativa de recaudación que consistirá en recolectar fondos durante todas las misas de mañana domingo, para enviarlos a Haití.

Caritas Española ha enviado ya de manera urgente una primera partida de 175.000 euros para apoyar las operaciones de emergencia de la Caritas Haitiana y ha mandado a la isla a un grupo de siete expertos de su red internacional, para participar sobre el terreno en el operativo de respuesta a la emergencia.

La institución ‘Ayuda a la Iglesia Necesitada’ ha realizado un primer envío de 70 mil dólares – canalizado a través de la Nunciatura en Haití – que servirá para los bienes básicos: agua, comida, medicamentos y refugios provisionales. Los importes destinados a reconstrucción, se comenzarán a distribuir en breve.

La directora de Proyectos, de Ayuda a la Iglesia Necesitada, Regina Lynch, ha señalado que “Haremos todo lo posible en este momento para llegar hasta ellos. Además, es importante recordar a Haití en nuestras oraciones. Roguemos a Dios para que pueda consolar a la población en esta situación tan difícil”.